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Hay muchos motivos para emprender, entre los más comunes escuchamos cosas como “quiero ser mi propio jefe” o “quiero hacer las cosas a mi manera”, pero detrás de esta decisión a veces también está la familia, las ganas de pasar más tiempo con nuestros peques, un trabajo al que ya no nos “dejaron” regresar después de ser mamás, un CV que no ha llegado a las manos adecuadas, o simplemente el momento de convertir un sueño más en realidad.

Así que decides emprender, con todas las ganas, los sueños, el miedo y la ilusión que ello implica, y entonces, llega la primer pregunta, de cientos más que empezarás a hacerte a partir de ahora…

¿Por dónde empiezo? El primer paso es aprender a tomar decisiones con información validada. Las referencias en libros y talleres pueden guiarte diciendo que empieces por hacer un análisis del mercado, un análisis FODA, la segmentación de clientes, la propuesta de valor o muchas otras. La realidad es que no existe una sola respuesta correcta. A diferentes emprendedores les ha resultado el empezar de diferentes maneras. El punto en común del éxito ha sido el cuestionar sus supuestos o hipótesis, reconocer esos aprendizajes y ponerlos en práctica.

Un negocio exitoso termina siendo normalmente muy diferente a la idea original que surge en la mente de quien emprende. Existe toda una transformación ligada a la prueba y error que se da en el proceso de emprender; y la manera de capitalizar y eficientar este proceso de aprendizaje, radica en plasmarlo en un modelo de negocio.

¿Qué es un modelo de negocio? Un modelo de negocio es la referencia de cómo creo y capturo valor. Crear valor es construir un producto o servicio que otras personas quieran. Capturar valor es que el negocio genere dinero, es decir, lograr que tus clientes paguen por lo que ofreces.

En el modelo de negocio, empiece por donde empiece, debes plasmar por qué crees que los clientes valorarían y pagarían por tu producto o servicio; e inmediatamente después, salir al mundo real y probar si es cierto lo que estás suponiendo. La mejor forma de hacer tu modelo tangible es vendiendo, que la gente realmente compre con respecto a mis supuestos. Por ejemplo: si tu negocio consiste en vender chocolates artesanales bajos en azúcar, la única forma de validar si los clientes pagarían por ellos es crear tu chocolate y venderlo. Si te los compran o no, puede validar si algunos de tus supuestos son correctos. Te lo compran porque son bajos en azúcar, el precio es correcto, saben bien, son originales, les gusta la presentación… todo aquello por lo que creíste que lo comprarían y te inspiró para venderlos. Así puedo regresar a las hipótesis de tu modelo de negocio y hacer los cambios.

Después, ¿qué sigue? Con esas nuevas hipótesis necesitas hacer cualquier ajuste y volver a salir a vender los chocolates para probar y comprobar nuevamente. Así de manera continua en el proceso de desarrollo y crecimiento de tu negocio.

Algunos de los elementos que se requieren cuestionar constantemente en un modelo de negocio son: propuesta de valor, segmentos de clientes, canales de distribución, relación con clientes, recursos y actividades clave, socios clave, fuente de ingresos y estructura de costos. Cada uno de estos elementos y la interacción de todos ellos, integran el modelo de negocio y son los que me permiten tomar mejores decisiones para llegar al éxito más rápido. ¡Equivócate bien, equivócate rápido, equivócate mucho! Así es como el modelo de negocio se convierte en la forma perfecta para sistematizar y aplicar los aprendizajes.

¿Te gustaría aprender a desarrollar tu modelo de negocio a profundidad? ¡Búscanos! En Proyect.are tenemos los servicios especializados para acompañarte en este proceso.

Referencias: Generación de modelos de negocio de Alexander Osterwalder y Design Thinking de Tim Brown