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Los tiempos cambian y conforme la tecnología va ganando terreno en las aulas, además de que las generaciones cada día les cuesta más trabajo enfocarse y mantener su tiempo de atención en clase e incluso con la educación evolucionando hacia una corriente más personalizada conforme a los gustos y habilidades de nuestros hijos, por lo que no es de extrañarse que los primeros en levantar la mano para proponer cambios en el paradigma educativo sea la neurociencia, en específico la rama de la neuroeducación, desde maestros que sorprendan a sus alumnos hasta clases que duren mucho menos que 50 minutos. ¿Quieres saber más? Sigue leyendo. ¿Qué es la neuroeducación? Es una disciplina que estudia la forma en que el cerebro obtiene el conocimiento, y con sus estudios y descubrimientos poco a poco ha puesto en jaque las viejas formas tradicionales de enseñanza. Recientemente llegó a la conclusión que para generar un aprendizaje significativo en los niños, el cerebro debe emocionarse lo que generará un vínculo real y duradero con ese conocimiento. Actualmente uno de los neurocientíficos más importantes en España es el doctor en Medicina y Neurociencia, Francisco Mora, de la Facultad de Medicina en la Universidad Complutense y quien recientemente brindó una entrevista para el periódico español “El País” en la que reveló varios aspectos que debemos tomar en cuenta cuando se habla de neurociencia respectos a los cambios revolucionarios que se avecinan en la metodología educativa. Los hallazgos, los cambios y la evolución de la educación Durante la charla, Mora explicó por qué su rama de especialización ha despertado tanto interés entre los profesores e incluso padres de familia: “Lo que hace la neuroeducación es trasladar la información de cómo funciona el cerebro a la mejora de los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, conocer qué estímulos despiertan la atención, que después da paso a la emoción, ya que sin estos dos factores no se produce el aprendizaje. El cerebro humano no ha cambiado en los últimos 15.000 años; podríamos tener a un niño del paleolítico inferior en un colegio y el maestro no darse cuenta. La educación tampoco ha cambiado en los últimos 200 años y ya disponemos de algunas evidencias que hacen urgente esa transformación. Hay que rediseñar la forma de enseñar.” El también autor del libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama(Alianza), revela una de sus propuestas más desafiantes: reducir la duración de las clases “nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto.” Otro hallazgo importante para el doctor, es la edad ideal para aprender a leer, ya que muchos padres de familia insisten en que sus hijos aprendan a hacerlo a una edad mucho más temprana de lo recomendado para demostrar su inteligencia. “Hoy sabemos que los circuitos neuronales que codifican para transformar de grafema a fonema, lo que lees a lo que dices, no terminan de conformar las conexiones sinápticas hasta los seis años. Si los circuitos que te van a permitir aprender a leer no están conformados, se podrá enseñar con látigo, con sacrificio, con sufrimiento, pero no de forma natural. Si se empieza a los seis, en poquísimo tiempo se aprenderá, mientras que si se hace a los cuatro, igual se consigue pero con un enorme sufrimiento. Todo lo que es doloroso tiendes a escupirlo, no lo quieres, mientras que lo que es placentero tratas de repetirlo.” Con todos estos resultados, Francisco Mora cree fielmente en la necesidad del modelo educativo que se maneja actualmente en las aulas, pues si no se busca la motivación en los estudiantes por medio de la capacidad de sorprenderse de los menores, no se generarán conocimientos nuevos. “Estudios recientes muestran que la adquisición de conocimientos comparte sustratos neuronales con la búsqueda de agua, alimentos o sexo. Lo placentero. Por eso hay que encender una emoción en el alumno, que es la base más importante sobre la que se sustentan los procesos de aprendizaje y memoria” por lo que el docente debe buscar técnica novedosas que llamen la atención de su alumnado “Tiene que comenzar la clase con algún elemento provocador, una frase o una imagen que resulten chocantes. Romper el esquema y salir de la monotonía. Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga.” ¿Qué tal? ¿A qué mamá no nos gustaría una educación más acorde a las necesidades actuales, a poco no?