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En estos días, ya has escuchado varias veces aquello de que Mercurio retrógrado anda haciendo de las suyas y casualmente, en los últimos días se te ha cuatrapeado de más la vida materna, o la vida en sí… ¡¿Por qué?! ¿Qué pasaaa?

 

Para la astrología, Mercurio es el planeta relacionado con la comunicación, el transporte, los trámites y la coordinación en general. Y cuando se pone retrógrado (algo que sucede tres veces al año), todo lo anterior básicamente se cuatrapea durante tres semanas. 

 

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¡Estoy muy emocionada! A partir de ahora, estaré apareciendo en este espacio para platicarles de lugares adónde ir con los pequeños y en familia para divertirnos un rato. Quiero compartirles experiencias e información para extender nuestro universo de a dónde ir. Existen infinidad de opciones para divertirnos en familia que suelen tener poca difusión y también creo firmemente que no tenemos que gastar cantidades de dinero exorbitantes para salir de paseo. 

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¿Cuándo ir a terapia de pareja?

Acudir con un terapeuta de pareja no es sinónimo de que todo entre ustedes se derrumbó. En muchos casos, puede ser justo lo que necesitan para reajustar el rumbo. Porque la vida amorosa también se sacude y cambia con los años, con la llegada de los hijos y muchos otros factores que no siempre tenemos tan claros.

Aprovechando que es el llamado mes del amor, hablemos de los principales indicadores para que tú y tu pareja consideren ir a terapia a tiempo para trabajar su relación.

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La teoría dice que Navidad, Año Nuevo y Reyes Magos son una época para compartir, de armonía, amor y magia. Pero… ¿Sobre quién recae principalmente la responsabilidad de que todo eso suceda?

¿Por qué conforme pasan los días de vacaciones y las fiestas, más que relajadas, puede que estemos cada vez más tensas y cansadas?

El Huffington Post publicó recientemente este artículo que habla sobre cómo la carga extra de esta época puede estarnos complicando de más la existencia. Estos son algunos de los puntos más relevantes traducidos…

Las mujeres de por sí ya cargan con el peso del trabajo emocional, el fenómeno psicológico de una labor no remunerada y muchas veces la invisibilidad de lo que implica lograr que todos a su alrededor se sientan bien y contentos. Pero durante esta época de fiestas, este trabajo aumenta.

Hay más listas mentales que malabarear, más compromisos en la agenda que atender, más tareas que delegar. Hay mayor presión para lograr que todo sea mágico para quienes nos rodean. Hacer que todo marche bien implica mucho trabajo no visible y subestimado.

Melody Wilding, trabajadora social y coach que trabaja ayudando a las personas a lidiar con desafíos como la carga emocional, dice que la tendencia a poner demasiado sobre nuestros hombros y dejar de lado el bienestar y el cuidado personal sucede es algo que sucede frecuentemente durante esta época.

"Poner sobre tus hombros la presión de crear 'las fiestas perfectas' puede catapultar tu estrés y la sobrecarga puede llevarte rápidamente a sentirte exhausta y 'quemada'", le dijo al Huffington Post (…)

Cómo manejarlo

Procuro tener mi bienestar personal en mente durante estas fechas y usualmente hago una rutina de yoga o tomo mucho té verde descafeinado para combatir el estrés. Pero aun así, el agobio me gana. Aunque mi marido se encarga de poner el árbol, la gran mayoría de la planeación de estas fechas recae sobre mí.

Soy yo quien organiza las fiestas y lo que sea que surja en la agenda, le da seguimiento a la donación de ropa de invierno, planea las reuniones de ambos lados de la familia, invierte su energía mental en definir qué regalo darle a cada quien. Es agotador y parece interminable (al menos hasta que llega el Año Nuevo). Usualmente este nivel de productividad me haría sentir como toda una rockstar, pero durante esta época del año, en realidad siento que me estoy quedando corta (…)

No soy alguien que persiga la perfección, pero en esta época me resulta muy fácil ubicar esas áreas en las que sería factible que hiciera más. Podríamos ir a cortar nuestro propio árbol de Navidad, pero la verdad es que nunca he organizado ese viaje. Podría aprender a usar mi máquina de coser y hacer un camino de mesa festivo y servilletas. Podría hacer una hermosa casa de jengibre de cero si realmente lo intentara. Me descubro pensando que probablemente hago suficiente, pero siento que podría hacer más (…)

Tres consejos

“Las redes sociales pueden hacer parecer que la vida de todos es perfecta y encantadora… Excepto la tuya”, señala Wilding. “Invierte el tiempo de más que pasas checando Facebook en actividades más fortalecedoras (probablemente no en hornear una casa de jengibre desde cero, a menos que realmente sea lo que quieres hacer). Hay muchísimo trabajo emocional que hacer sin buscar más qué hacer. Puede resultar más conveniente reevaluar lo que haces, dejar de lado algunos compromisos y realizar el trabajo emocional que genuinamente valoras”.

“Cuestiona la voz interior que te dice que no eres suficientemente buena”, dice Wilding. “Esa voz suele estar equivocada, así que cuando salga a escena, ve en dirección contraria”.

“No temas dejar caer una pelota, o dos. Descubrirás que no es el fin del mundo y, de hecho, impulsarás a otros a empezar a tomar su parte de responsabilidad en esto”.

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Y entonces aquí seguimos, en esta oleada de emociones llamada maternidad y es entonces cuando te das cuenta que esto de manejarlas es más complicado de lo que pensabas, y te cae el veinte de que tu hijo también es una cajita de emociones nuevas y efervescentes y que si para ti es complicado dominarlas, para él más. Entonces te enfrentas a la realidad de tener que contenerlo y enseñarle a sentir, a expresar y a controlar sus emociones. ¿Pero cómo?

Empecemos por saber que no es lo mismo emociones que sensaciones, aunque en las etapas más primitivas del desarrollo van junto con pegado, pues vamos aprendiendo y midiendo nuestras emociones con respecto a las experiencias que vamos teniendo, las reacciones de nuestro cuerpo y las emociones que generan. No es magia, es simple química que nuestro cerebro va generando para ponernos alerta o relajarnos según sea el caso.

Se supone que nosotros ya no somos tan primitivos, así que seguramente puedes localizar en qué parte de tu cuerpo percibes la frustración y el enojo. ¿Cómo adivinas cuál es cuál? ¿Cómo etiquetas cada una de esas reacciones corporales? ¿No puedes? No te preocupes, yo tampoco.

Las emociones se ligan a nuestras experiencias, así que la forma como vimos que reaccionaban nuestros cuidadores, impactó directamente la forma en la que reaccionamos. Además aparecen de distinta forma, dependiendo del momento de vida en el que nos encontremos, nuestra situación hormonal (hombres y mujeres) y el suceso que experimentemos en el momento. Nada está escrito, pero si hay tres estados emocionales que podemos “practicar” con nuestros hijos, con la finalidad de irlas modelando y modulando.

Lo primero que hay que enseñarle a nuestros hijos es que no hay emociones buenas ni malas, ni peligrosas o dañinas, y sobre todo validarlas y acompañarlas. Una parte importante que debemos borrar de nuestro bagaje cultural, es invalidar las emociones con frases como “no pasa nada”, “no llores”, “no te enojes”, “no tengas miedo” o “eso no es motivo para llorar”, pues es claro que el niño está sintiendo algo y no estamos ayudando a sentirlo y expresarlo.

En etapas tempranas se generaliza la expresión emocional al llanto o la risa y es justo ahí donde entramos nosotros como formadores y modelos de inteligencia emocional. Tenemos que ponerle nombre a eso que está pasando en el cuerpo de nuestros hijos. Por ejemplo, cuando tenemos miedo, nuestro corazón se acelera, respiramos rápido, tratamos de ocultar la cara y hacer contacto con una figura de confianza. ¿Qué pasaría si se lo narramos tal cual? O en el caso del enojo, podemos decirle: “Veo que tienes ganas de gritar, estas cruzando los brazos y tienes la frente arrugada. ¡Estas enojado!” con voz firme y ceño fruncido, para que así el niño aprenda que la forma de expresar enojo es diciendo “estoy enojado” y pueda poco a poco ir desmenuzando las emociones básicas y no tan básicas.

Hay una gama infinita de emociones y mezclas de las mismas, además de que es usual experimentar todas ellas en un mismo día; por eso es importante que podamos localizarlas, expresarlas y saber para que sirven. De las 6 emociones básicas (alegría, enojo, tristeza, miedo, desagrado, sorpresa) nos quedaremos con 3 para localizarlas, colorearlas y expresarlas en esta ocasión:

  • Alegría: se siente en la parte baja del estómago, así que puedes llevar la manita de tu chico a esa zona y decirle “estás feliz”, o “estás eufórico, contento, emocionado” Estoy segura que tu sabrás “leer” cuál es la que está sintiendo en ese momento. Puedes también darle un color o pedirle a él que se lo asigne.

  • Enojo: se percibe en la boca del estómago, y al hacer presión con la mano de nuestro hijo en esta zona evocamos la sensación, (que en este caso es parecida a la del hambre, saquen sus conclusiones). Con voz muy fuerte, ceño fruncido y expresión corporal rígida dí “Estoy enojado” o “Estás enojado” y repite hasta que el niño se conecte con la emoción y/o repita la frase. Es importante que le pidas que le asigne un color, o si es un niño pequeño, puedes sugerir el rojo.

  • Tristeza: se percibe en la garganta, justo en el hoyito que se hace entre las dos clavículas. Si presionamos ahí sentimos el clásico “nudo en la garganta”. Lleva la manita de tu pequeño a esa zona y de igual manera repite “Estoy triste” y más adelante pide que asigne color o sugiere el azul

Aunque éstas técnicas funcionan mejor cuando la emoción efervece, puedes continuar con la experiencia platicando de momentos o sucesos que lo hayan llevado a estas emociones y conforme el niño crezca, puedes agregar el motivo de esa emoción, por ejemplo: “Estoy triste por que_________”, e incluso hacer inferencias sobre el estado emocional de terceras personas: “¿Cómo crees que se haya sentido X cuando eso le sucedió?”

Lo más importante es no escondernos para sentir o para expresar emociones. Quitemos el clásico “no quiero que me vea llorar”, “no quiero que me vea explotar”, ya que a medida que los niños observan nuestra expresión ante las emociones, ellos podrán hacerlo de manera más natural, sin contenciones innecesarias, sin miedo ni juicios de valor. Se vale estar frustradas, nerviosas, ansiosas, temerosas, etc., y si nosotras mismas ponemos nombre a ese estado de ánimo en específico, ellos también lo lograrán hacer.

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El inicio del nuevo ciclo escolar marca en muchos de nosotros un cambio de vida: ya sea que tu pequeño entre por primera vez a la escuela o haya cambiado de colegio, puede ser un cambio fuerte no solo para los niños, sino para algunos padres, pues es la primera vez que estarán fuera de nuestro alcance, bajo el cuidado de personas ajenas a nuestra dinámica familiar. Afortunadamente (y pese a las lágrimas durante los primeros días de chicos y grandes), los niños se adaptan a los cambios con mayor facilidad que muchos de nosotros. Pero ¿qué sucede si en la primera semana (o día) ocurre algo que no te agrada? Te damos algunos consejos para que sobrevivas a esta nueva etapa sin contratiempos.

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Han pasado 9 meses, la larga espera terminó, por fin tienes a tu bebé en brazos y con la llegada de este hermoso ser entras a un periodo no tan esperado…el post parto. Los cambios físicos, hormonales y las nuevas responsabilidades y roles traen un oleaje de preguntas, ansiedades, nuevos miedos y la subyacente pregunta: ¿Cuándo volveré a ser yo?

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Típico: estas haciendo compras en el súper y tu pequeño desea algo, ya sea un dulce, una botella de agua, un juguete… y al escuchar el “No” de mamá o papá, estalla en un llanto incontrolable, gritos desaforados y patadas en el piso. Todos alrededor miran el despliegue emocional de tu hijo y a ti con expresiones de desaprobación. Ante ello, es fácil desesperarse y dada la imposibilidad de que te trague la tierra, tratas de “imponer” autoridad levantando la voz, regañando a tu hijo y saliendo lo más rápido posible del lugar con la sensación de ser el peor padre o la peor madre del universo.