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Seguramente has escuchado a más de una madre o padre (o a ti misma) hablar de lo difícil que les resulta la crianza, en particular hoy en día. Y es que pocos recordamos a nuestros padres agobiados por otra cosa que no fuera trabajar y poder cubrir las cuentas y que fuéramos a la escuela. No había esta preocupación por hacer las cosas "bien" (con las miles de interpretaciones que esto tiene), por que desarrollaran sus habilidades desde muy pequeños y en general privilegiar la felicidad y el bienestar emocional por sobre el éxito a cualquier costo. Los ahora abuelos nos hablan con nostalgia de cómo en sus tiempos todo era "mejor y más fácil". Claro, la vida era más sencilla: pocos o casi ninguno usábamos sillas especiales en los autos (ya no digamos cinturón de seguridad), salíamos a jugar a la calle hasta que era de noche y veíamos la tele sin horarios. La cosa es que el entorno en el que se desarrollan nuestros hijos es completamente distinto, un entorno un tanto más agresivo y para el cual cada causa se analiza científicamente. Estudios para comprobar la seguridad en los autos, los componentes de los alimentos, los efectos de la exposición a la tecnología, los beneficios de la estimulación temprana, etc. Así las cosas, sería natural que la paternidad no se ejerciera de la misma manera que hace años. Sin embargo no es así. Algunos aún nos debatimos entre lo que conocemos por experiencia propia y lo que la literatura y estudiosos del desarrollo infantil descubren día a día. Si a esto, se le suma el escrutinio social extrapolado por las redes sociales, en donde todos sienten una imperiosa necesidad de opinar en todo momento, entonces tenemos padres que terminan confundidos en el mejor de los casos, y con síntomas de depresión o ansiedad. Y esto no es bueno para nadie. Para evitar el estrés añadido a la paternidad que estés ejerciendo (siempre y cuando ésta no implique poner en peligro la integridad física y emocional de tu familia o tu entorno), te aconsejamos lo siguiente:  
  1. Confía en ti. Nadie conoce a tus hijos mejor que tu y nadie sabe sus límites, sus puntos fuertes y los que necesita trabajar. Cuando tengas dudas, acude a fuentes confiables y verificadas (especialistas, tu pediatra, terapeuta, maestros) para tener retroalimentación y hacer los ajustes necesarios a tu estilo de crianza.
  2. No compares tu crianza con la de otros, ni si quiera con la que tus padres tuvieron contigo. Tu hijo es una persona totalmente distinta, en un mundo distinto. Tus herramientas también lo serán.
  3. Nadie es perfecto. Ni siquiera esa mamá que cuya casa siempre está impecable, o aquel papá que todo el tiempo está sonriente. Todos tenemos nuestros días buenos y malos, simplemente no siempre somos testigos de ellos.
  4.  Recuerda que muchas veces la gente opina para validarse a sí misma. Cuando alguien te dé un consejo no solicitado, piensa que detrás hay una  motivación o necesidad de autoafirmación que no tiene nada que ver contigo.
  5. Vive y deja vivir. A menudo nosotros mismos caemos en la crítica con afán de ayudar. Recuerda cómo te hace sentir eso y en lugar de brindar un consejo no solicitado ante alguna situación complicada, simplemente ofrece tu ayuda o tu tiempo para escuchar a la otra persona.
Así las cosas, recuerda que todos, padres, abuelos, amigos, todos, tenemos un mismo objetivo: el bienestar de los niños.