• 1
  • 2
  • 3
0
0
0
s2sdefault

Y entonces aquí seguimos, en esta oleada de emociones llamada maternidad y es entonces cuando te das cuenta que esto de manejarlas es más complicado de lo que pensabas, y te cae el veinte de que tu hijo también es una cajita de emociones nuevas y efervescentes y que si para ti es complicado dominarlas, para él más. Entonces te enfrentas a la realidad de tener que contenerlo y enseñarle a sentir, a expresar y a controlar sus emociones. ¿Pero cómo?

Empecemos por saber que no es lo mismo emociones que sensaciones, aunque en las etapas más primitivas del desarrollo van junto con pegado, pues vamos aprendiendo y midiendo nuestras emociones con respecto a las experiencias que vamos teniendo, las reacciones de nuestro cuerpo y las emociones que generan. No es magia, es simple química que nuestro cerebro va generando para ponernos alerta o relajarnos según sea el caso.

Se supone que nosotros ya no somos tan primitivos, así que seguramente puedes localizar en qué parte de tu cuerpo percibes la frustración y el enojo. ¿Cómo adivinas cuál es cuál? ¿Cómo etiquetas cada una de esas reacciones corporales? ¿No puedes? No te preocupes, yo tampoco.

Las emociones se ligan a nuestras experiencias, así que la forma como vimos que reaccionaban nuestros cuidadores, impactó directamente la forma en la que reaccionamos. Además aparecen de distinta forma, dependiendo del momento de vida en el que nos encontremos, nuestra situación hormonal (hombres y mujeres) y el suceso que experimentemos en el momento. Nada está escrito, pero si hay tres estados emocionales que podemos “practicar” con nuestros hijos, con la finalidad de irlas modelando y modulando.

Lo primero que hay que enseñarle a nuestros hijos es que no hay emociones buenas ni malas, ni peligrosas o dañinas, y sobre todo validarlas y acompañarlas. Una parte importante que debemos borrar de nuestro bagaje cultural, es invalidar las emociones con frases como “no pasa nada”, “no llores”, “no te enojes”, “no tengas miedo” o “eso no es motivo para llorar”, pues es claro que el niño está sintiendo algo y no estamos ayudando a sentirlo y expresarlo.

En etapas tempranas se generaliza la expresión emocional al llanto o la risa y es justo ahí donde entramos nosotros como formadores y modelos de inteligencia emocional. Tenemos que ponerle nombre a eso que está pasando en el cuerpo de nuestros hijos. Por ejemplo, cuando tenemos miedo, nuestro corazón se acelera, respiramos rápido, tratamos de ocultar la cara y hacer contacto con una figura de confianza. ¿Qué pasaría si se lo narramos tal cual? O en el caso del enojo, podemos decirle: “Veo que tienes ganas de gritar, estas cruzando los brazos y tienes la frente arrugada. ¡Estas enojado!” con voz firme y ceño fruncido, para que así el niño aprenda que la forma de expresar enojo es diciendo “estoy enojado” y pueda poco a poco ir desmenuzando las emociones básicas y no tan básicas.

Hay una gama infinita de emociones y mezclas de las mismas, además de que es usual experimentar todas ellas en un mismo día; por eso es importante que podamos localizarlas, expresarlas y saber para que sirven. De las 6 emociones básicas (alegría, enojo, tristeza, miedo, desagrado, sorpresa) nos quedaremos con 3 para localizarlas, colorearlas y expresarlas en esta ocasión:

  • Alegría: se siente en la parte baja del estómago, así que puedes llevar la manita de tu chico a esa zona y decirle “estás feliz”, o “estás eufórico, contento, emocionado” Estoy segura que tu sabrás “leer” cuál es la que está sintiendo en ese momento. Puedes también darle un color o pedirle a él que se lo asigne.

  • Enojo: se percibe en la boca del estómago, y al hacer presión con la mano de nuestro hijo en esta zona evocamos la sensación, (que en este caso es parecida a la del hambre, saquen sus conclusiones). Con voz muy fuerte, ceño fruncido y expresión corporal rígida dí “Estoy enojado” o “Estás enojado” y repite hasta que el niño se conecte con la emoción y/o repita la frase. Es importante que le pidas que le asigne un color, o si es un niño pequeño, puedes sugerir el rojo.

  • Tristeza: se percibe en la garganta, justo en el hoyito que se hace entre las dos clavículas. Si presionamos ahí sentimos el clásico “nudo en la garganta”. Lleva la manita de tu pequeño a esa zona y de igual manera repite “Estoy triste” y más adelante pide que asigne color o sugiere el azul

Aunque éstas técnicas funcionan mejor cuando la emoción efervece, puedes continuar con la experiencia platicando de momentos o sucesos que lo hayan llevado a estas emociones y conforme el niño crezca, puedes agregar el motivo de esa emoción, por ejemplo: “Estoy triste por que_________”, e incluso hacer inferencias sobre el estado emocional de terceras personas: “¿Cómo crees que se haya sentido X cuando eso le sucedió?”

Lo más importante es no escondernos para sentir o para expresar emociones. Quitemos el clásico “no quiero que me vea llorar”, “no quiero que me vea explotar”, ya que a medida que los niños observan nuestra expresión ante las emociones, ellos podrán hacerlo de manera más natural, sin contenciones innecesarias, sin miedo ni juicios de valor. Se vale estar frustradas, nerviosas, ansiosas, temerosas, etc., y si nosotras mismas ponemos nombre a ese estado de ánimo en específico, ellos también lo lograrán hacer.