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Los tiempos modernos han traído nuevas exigencias a la maternidad/paternidad: escúchalos, háblales,  conócelos, disciplínalos con amor, pasa tiempo de calidad con ellos, etcétera. Todas grandes ideas, siempre y cuando consideremos un paso antes: momentos de amor verdadero.  

Desde la planeación/no planeación de un bebé, padres y madres sufrimos pequeños impactos que asustan: relacionarnos íntimamente con otro ser humano, una panza que crece con un millón de preguntas, mientras la relación de pareja y el cuerpo cambian cada día un poco más.

Las tías ven la panza y dicen “¡Qué hermoso!”, pero quien la carga no aguanta los bochornos, las pesadillas, los antojos, el hambre, la ganas “irracionales” de llorar. Los tíos ven al futuro padre con orgullo, “Ahora sí ya eres hombre”, y él sólo sonríe evitando decir “No puedo con esto. Ella llora, se queja tanto… quizá no fue una buena idea.”

Teniendo al bebé en los brazos, entre visitas y felicitaciones, papá y mamá se preguntan dónde está el manual, pasan veinte años y el manual nunca llega. Crecen los miedos, la angustia y las eternas preguntas: ¿lo estaré haciendo bien?, ¿estoy formando una buena persona?, ¿le estoy dando lo necesario para ser feliz? Y la más dolorosa: ¿qué hice mal?

El miedo está presente en la relación con nuestros hijos desde el principio, las risas y caricias ayudan a sobrellevarlo, pero si no sabemos qué hacer con él, es posible que a veces ni la ternura sea suficiente. Por eso, puede pasar que después de un día difícil o al “tener” que regañarlo porque la maestra nos lo exige terminamos gritando/callando/insultando; diciendo, haciendo o ignorando como nos juramos nunca hacerlo, y entonces la culpa se agrega a nuestro sentir paternomaternal.

La culpa es eso que nos hace no decidir, no preguntar, no abrazar, no accionar; “¿si l@ regaño estaré exagerando?; no puedo llevarle galletas hoy, está castigad@; ya se durmió y no pude decirle en todo el día ‘te amo’”. ¡Doloroso sin duda!

Dolor y culpa se pueden hacer presentes en cada abrazo, en cada consejo, quitándonos la posibilidad de tener momentos de amor verdadero. Entonces, eliminar la culpa es indispensable para vivir un vínculo maternoparental pleno, ¡sin duda!, pero ¿cómo?

Hay un sinnúmero de opciones para poder adentrarnos en nuestro ser y sentir, que van desde correr treinta minutos al día, hasta buscar ayuda profesional, la que escojas requiere un gran esfuerzo, incluso se pueden combinar.

Mientras tanto, qué tal intentar responder una de nuestras grandes preguntas:

¿Estoy cometiendo errores en la crianza de mis hijos? Sí, seguramente sí, pero considera dos cosas: 1) lo importante en la vida no es evitar equivocarse, es aprender de los errores; 2) ¿tus padres se equivocaron?, no dudo ni por un segundo que alguno de sus errores te hizo decidir quién eres hoy.

Momentos de amor verdadero son aquellos en los que puedes abrazar, regañar, cargar, callar con un pensamiento claro libre de miedo y culpa: te amo hij@.

 

Si quieres apoyo en tus procesos de crianza y afectivos, contacta a Kodama CF.