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En temas de crianza dicen que el respeto al estilo ajeno es la paz, pero es cierto que cada vez mas estamos en los extremos y menos en el equilibrio o en el centro.

 

En serio, por un lado, ¿no les pasa qué a veces son agobiantes las mamás y/o los papás “helicóptero”? Esos que su vida entera gira alrededor de los hijos, vueltas y vueltas, ir y venir detrás de los hijos, en todo momento, más que papás parece que están pastoreando a los críos, sin darles libertad razonable alguna, pero sin tampoco poner límites porque les dan y les resuelven absolutamente todo y que además todo lo que sus niños hagan, digan o dejen de hacer no es cuestionable, porque “son niños”. Y después esos niños (que, cabe resaltar, no son culpables, sino víctimas), no caben en ningún sitio porque suelen ser los niños que tienen poca o cero tolerancia a la frustración, los que con un berrinche detonan que sus papás les den lo que sea, los que pegan, muerden o insultan y total, “son cosas de niños”. Y no es así. La crianza, nos guste o no, lo aceptemos o no, es una gran, inmensa y permanente responsabilidad, hasta irrenunciable, vaya, porque aun  si no tenemos hijos… los niños son de todos.

 

Luego, en el otro extremo están los padres que con la bandera de que los niños se vuelvan independientes y autosuficientes, no hacen NADA, pero nada por ellos. Son esos papás y mamás que van mas allá del estilo relajado y caen en la irresponsabilidad total: en espacios abiertos que los niños se cuiden solos, que se asomen por ventanas, barandales, y juegos altos que al fin “así aprenden”, total si se queman con la vela mejor porque así aprenden a no tocarla. Esos chiquitos que van por la vida adaptándose en modo “sobreviviente” al estilo de vida de mamá y de papá o de ambos, por al fin y al cabo “que se acostumbre”, que no pasa nada nada vaya, que mejor aprender desde chiquito a que la vida es así y que aprenda a ser independiente, no vaya siendo que necesite a papá o a mamá porque un niño es un niño y los necesita para vivir…

 

Total que ni tanto, ni tan poco. La crianza es un tema sensible, demandante, sí, que no merece siempre ser juzgada porque ya es en sí misma difícil y es verdad que no hay manuales, pero debería mandar el sentido común, el amor y la prudencia. Los niños necesitan aprender de la vida y ejercer su curiosidad para irse desarrollando si, pero también es cierto que los padres somos su referente y filtro para interpretar el mundo, si los aplastamos con nuestro cuidado el niño no florece, si lo abandonamos a su suerte, puede incluso morir y no es broma.

 

Tener hijos entonces no es tener mascotas (y ni así podemos abusar de ellos o abandonarlos, sucede; pero no debería). Los bebés ¡¡¡crecen!!! Son hermosos de recién nacidos, pero ¿qué creen?, se van a convertir en toddlers y algunos serán angelitos y otros terremotos y no es que podamos elegir, toca lo que toca. Luego serán niños y unos serán adorables, casi en piloto automático para crecer y otros necesitarán marcaje personal… porque son seres humanos y ¡¡¡están vivos, no son de peluche!!! Y luego serán ojalá adolescentes y adultos, y la chamba de mamá y de papá  no acaba, porque además, con esos estilos de crianza extremistas, a veces los hijos siguen en casa a los 40 años y no saben qué hacer de su vida, ya sea porque siempre les resolvieron todo, o porque están tan rotos que no saben por donde iniciar el camino propio. No es chistoso, no podemos ir por la vida teniendo hijos pensando que criar es cosa fácil, o hacerlo a conveniencia por tiempos o presupuestos. No, los hijos son para siempre y son un legado, pero no como creemos de nuestro estilo de vestir o personalidad: es lo que dejamos en el mundo para que se conviertan en adultos, ¿qué clase de seres humanos te gustaría heredera al planeta?

 

Al criar todos nos equivocamos, unos mas que otros. Al criar vamos de error en acierto porque experimentamos sobre la marcha, pero tratemos de hacerlo en consciencia, desde el corazón, el instinto y el sentido común. Lo bueno es bueno aquí y en China, lo malo también. Ni tanto ni tan poco, los niños merecen lo mejor de cada uno de nosotros.