Todo esto pasa en tu mente si llenas El encanto del caos (con hijos)

En esta loca vida materna, en la que los días no alcanzan para tachar todos los pendientes y perseguimos niños sin cesar para que hagan lo que tienen que hacer… “¡¿Cómo diantres voy a llevar/llenar un diario?!”, nos decimos, entre otras cosas.

Por eso, he aquí algunos contra-argumentos para ver esta actividad desde otra perspectiva: la de darnos unos momentos para apapachar nuestra mente, que no solo lo merece, sino ¡lo pide a gritos!

“¡No tengo tiempo!”. De entrada, no es necesario sentarse a llenarlo todos los días; bastan unos minutos un par de veces por semana para darle un poco de espacio a la mente. No son pocos los estudios científicos que avalan que al hacerlo, ayudamos al cuerpo a reducir sus niveles de estrés y ansiedad.

“Al final del día, lo que quiero es no pensar y dormir”. Tomar nota de las pequeñas cosas del día a día puede resultar muy terapéutico; es una forma de poner atención o practicar el famoso mindfulness. Al hacerlo, te concentras en el presente, más allá de las frustraciones o ansiedades; le das chance a la mente de relacionarse activamente con los pensamientos y con ello, hasta es posible conciliar mejor el sueño.

“Mi vida es un caos”. Esta actividad puede darte perspectiva: de las cosas divertidas y positivas que hay en la vida materna, por ejemplo. También, a darle sentido a los grandes (y no siempre agradables) sucesos y a saborear los pequeños detalles.

“¡Todo se me olvida!”. Llevar un diario puede ayudar a trabajar la memoria y la comprensión, pues hay una relación única entre el cerebro y la mano. Las palabras son representaciones de las ideas, y al plasmarlas, la mente compone o recompone ideas, lo que fortalece la información previamente almacenada.

“Ay, pero soy cero creativa”. Olvídate de la expectativa de que un diario debe de ser una obra de arte. El punto no es si eres o no creativa… ¡LO ERES! (¿Acaso no resuelves montones de situaciones ingeniosamente cada día?) La cuestión es qué tanto dejas fluir este aspecto. Cuando te arranques a hacerlo, verás que las ideas empiezan a salir una tras otra y que lo que verdaderamente importa son las emociones que te despierta, el aire que le das a tu mente.

“Lo mío no es la disciplina”. Sentarte una que otra vez por semana para escribir o dibujar en un diario te permite trabajar la concentración y la disciplina, igualito que si fuera un músculo, aunque sin sudarlo.

“No estoy de humor”. Plasmar por escrito tus experiencias hace que el cerebro las reviva. Mientras lo haces, liberas endorfinas y dopamina, que le dan un subidón a tu autoestima y estado de ánimo. Además, puede implicar un proceso de sanación-asimilación: emocional, físico y psicológico. Muchas veces, el estrés proviene de algún bloqueo emocional y de estarle dando vueltas sin parar a escenarios hipotéticos.

¡Date chance! Estos beneficios no solo tienen que ver con llenar un cuaderno en blanco, también con aquellos diarios estructurados como El encanto del caos, que te dan guías y actividades concretas a realizar. Además, en cuestión de unos años tendrás una auténtica cápsula del tiempo y tus hijos podrán darse una idea más clara de su infancia, algo que quizá de otro modo simplemente olvidemos.

¿Aún no tienes tu Encanto del Caos? Entra aquí y cómpralo.

*Con información de Cleveland Clinic, Universidad de Arizona, The Telegraph y The Huffington Post.

Sobre el corazón de tu emprendimiento. La importancia de tener un modelo de negocio

Hay muchos motivos para emprender, entre los más comunes escuchamos cosas como “quiero ser mi propio jefe” o “quiero hacer las cosas a mi manera”, pero detrás de esta decisión a veces también está la familia, las ganas de pasar más tiempo con nuestros peques, un trabajo al que ya no nos “dejaron” regresar después de ser mamás, un CV que no ha llegado a las manos adecuadas, o simplemente el momento de convertir un sueño más en realidad.

Así que decides emprender, con todas las ganas, los sueños, el miedo y la ilusión que ello implica, y entonces, llega la primer pregunta, de cientos más que empezarás a hacerte a partir de ahora…

¿Por dónde empiezo? El primer paso es aprender a tomar decisiones con información validada. Las referencias en libros y talleres pueden guiarte diciendo que empieces por hacer un análisis del mercado, un análisis FODA, la segmentación de clientes, la propuesta de valor o muchas otras. La realidad es que no existe una sola respuesta correcta. A diferentes emprendedores les ha resultado el empezar de diferentes maneras. El punto en común del éxito ha sido el cuestionar sus supuestos o hipótesis, reconocer esos aprendizajes y ponerlos en práctica.

Un negocio exitoso termina siendo normalmente muy diferente a la idea original que surge en la mente de quien emprende. Existe toda una transformación ligada a la prueba y error que se da en el proceso de emprender; y la manera de capitalizar y eficientar este proceso de aprendizaje, radica en plasmarlo en un modelo de negocio.

¿Qué es un modelo de negocio? Un modelo de negocio es la referencia de cómo creo y capturo valor. Crear valor es construir un producto o servicio que otras personas quieran. Capturar valor es que el negocio genere dinero, es decir, lograr que tus clientes paguen por lo que ofreces.

En el modelo de negocio, empiece por donde empiece, debes plasmar por qué crees que los clientes valorarían y pagarían por tu producto o servicio; e inmediatamente después, salir al mundo real y probar si es cierto lo que estás suponiendo. La mejor forma de hacer tu modelo tangible es vendiendo, que la gente realmente compre con respecto a mis supuestos. Por ejemplo: si tu negocio consiste en vender chocolates artesanales bajos en azúcar, la única forma de validar si los clientes pagarían por ellos es crear tu chocolate y venderlo. Si te los compran o no, puede validar si algunos de tus supuestos son correctos. Te lo compran porque son bajos en azúcar, el precio es correcto, saben bien, son originales, les gusta la presentación… todo aquello por lo que creíste que lo comprarían y te inspiró para venderlos. Así puedo regresar a las hipótesis de tu modelo de negocio y hacer los cambios.

Después, ¿qué sigue? Con esas nuevas hipótesis necesitas hacer cualquier ajuste y volver a salir a vender los chocolates para probar y comprobar nuevamente. Así de manera continua en el proceso de desarrollo y crecimiento de tu negocio.

Algunos de los elementos que se requieren cuestionar constantemente en un modelo de negocio son: propuesta de valor, segmentos de clientes, canales de distribución, relación con clientes, recursos y actividades clave, socios clave, fuente de ingresos y estructura de costos. Cada uno de estos elementos y la interacción de todos ellos, integran el modelo de negocio y son los que me permiten tomar mejores decisiones para llegar al éxito más rápido. ¡Equivócate bien, equivócate rápido, equivócate mucho! Así es como el modelo de negocio se convierte en la forma perfecta para sistematizar y aplicar los aprendizajes.

¿Te gustaría aprender a desarrollar tu modelo de negocio a profundidad? ¡Búscanos! En Proyect.are tenemos los servicios especializados para acompañarte en este proceso.

Referencias: Generación de modelos de negocio de Alexander Osterwalder y Design Thinking de Tim Brown

¿Límites sin nalgadas? ¡Claro que se puede!

Por Maryangie Silveyra

Antes de ser mamá piensas que nada de lo que comentan a tu alrededor te va a pasar. Tu SÍ vas a educar bien a tus hijos, jamás te harán un berrinche porque tu SÍ sabes como parar con ello. Cuando te enteras que vas a ser mamá te abordan otras muchas dudas y otros muchos miedos y en lo que menos piensas es en que algún día esa bolita de carne tan indefensa se te va a tirar al piso gritando descontrolado o te va a soltar un manotazo enfrente de tu suegra.

Y es hasta ese momento cuando caes en cuenta de que tu hijo clama por su autonomía, empieza a formar su independencia y a percibirse como un ser humano ajeno a mamá y ni tu ni él estaban preparados para esta debacle de emociones que los abruma. Es entonces cuando viene el tan sonado “hay que ponerle límites que si no se te va a subir a las barbas” o el: “una nalgada a tiempo te va a evitar mucho desgaste” y te cuestionas todas las creencias que hasta hoy parecían tan claras.

Los límites conductuales tienen mala fama. Pareciera que es una imposición o una manera de demostrar control y autoridad ante propios y ajenos, cuando en realidad es una manera estratégica de poner a nuestros hijos a salvo de peligros, de fomentar su seguridad, su autoconcepto y de darles herramientas tempranas para lograr una correcta adaptación al medio social. Aún nos topamos con muchísima gente que confía y defiende los estándares antiguos, pero es un buen momento para saber y reconocer que aunque, la nalgada funcione (debo aceptarlo), actualmente hay otras alternativas que además de brindar esa estructura, nos ayuda a forjar un vínculo afectuoso, con mutua comunicación asertiva y sobre todo en un ambiente cálido y respetuoso entre chicos y grandes.

Hoy en día mucho se escucha de crianza con apego y disciplina positiva y es que cuando les hablo de límites, me refiero a guiar y educar al niño con la finalidad de dejarle muy claro lo que esperamos de él, lo que puede ponerlo en riesgo y sobre todo como poder comunicarse y conducirse asertivamente, lo cual se traduce en relaciones sociales sanas con todo el que lo rodee. Si logramos traducir estos limites de manera positiva vamos a lograr establecer una serie de reglas que los niños van a querer seguir por convicción propia y no “porque lo digo yo”.

Hasta aquí todo suena muy fácil y práctico ¿no? ¿Pero cómo comenzar? Es un proceso que nos implica una enseñanza profunda y consciente, mucha tolerancia a la frustración mucha práctica y toda la intención de cambiar lo pre-establecido. Te garantizo que el objetivo es gratificante. Ver cómo ellos comprenden y asimilan de forma interna el porqué de las cosas, estructuran y aceptan sus propias consecuencias, aprenden el camino de la autorregulación y la asertividad, es muy emocionante y nos brinda esa tranquilidad tan necesaria.

Estoy segura que ya estás ávida de saber cómo empezar. La mala noticia es que no hay receta, instructivo, ni algoritmo, pero si empiezas por aplicar estas premisas seguro tendrás mejores resultados.

  • Establezcan previamente las reglas del juego: Dejen los límites para ver la televisión, jugar, el momento de hacer la tarea, ordenar su cuarto, la hora de ir a dormir, orden de las actividades, etcétera.
  • Pongan límites en conjunto: ¿Cuál crees que debe ser la consecuencia a esto? Cuando los niños son tomados en cuenta, se muestran más dispuestos y colaboradores. Además de que fomentamos la reflexión y la autoevaluación.
  • Subrayen lo que no está permitido. Hay ocasiones en que los niños no pueden participar en la toma de decisiones o que simplemente no es posible tomar su opinión. Ejemplo: insultar, pegar, agredir, robar, morder, ir a la escuela, comer, sentarse en el autoasiento, jugar con fuego o tocar los enchufes, entre otros.
  • Practicar y practicar y practicar la comunicación asertiva: ¿Quieres comer? vs Hay sopa y arroz ¿cuál quieres? ¿Qué no ves que eso duele? vs Me duele cuando me pegas ¿Puedes dejar de saltar en el sillón? vs Salta en el piso en vez del sillón ¿Cuántas veces tengo que decirte? vs ¿Recuerdas lo que te pedí? ¿Por qué no te has cambiado? vs ¿Qué te falta para podernos ir?
  • En vez de castigar otorga consecuencias congruentes y conjuntas: ¿Qué pasó? ¿Cuál era el acuerdo? ¿Cómo podemos resolver?
  • Determina las consecuencias recurrentes estratégica y claramente: Cada vez que peleen por un juguete, éste se va a la bolsa de donaciones. Lo que rompas lo pegas o lo pagas. El horario de tarea es de 3 a 5, después cerramos cuadernos. Lo que ensucias lo limpias. Si insultas/pegas nos retiramos.
  • Valida sus emociones: “Entiendo que estés enojado pero puedes decirlo más respetuosamente.” “Te entiendo, pero mi punto de vista es éste…” “Se que te puedes sentir frustrado, pero la respuesta es no.” “Llorar es válido cuando estamos tristes o frustrados, cuando termines podemos platicar.” “Confío en que sabrás encontrar una solución útil.”

En todo momento deben estar presentes los siguientes mensaje: “Sé que puedes, por eso te enseño y como sé que te cuesta trabajo, te lo aprecio y reconozco”. Manos a la obra, momz, seguro hay mucho que pensar y reflexionar.