Criar con miedo

En las vacaciones navideñas tuve tiempo de sobra para pensar en cómo he educado a mi hija hasta ahora. Hace unos meses cumplió seis años (no cabe duda de que el tiempo pasa más rápido cuando tienes hijos). Han sido seis años maravillosos, intensos, de mucho crecimiento personal. Pero también han sido seis años en los que he vivido a punto de la parálisis, luchando constantemente contra la eterna duda, contra el miedo a equivocarme.

 

He tratado de seguir todas las reglas: me he informado sobre las edades y el peso para que mi hija viaje segura en el asiento del auto, he introducido alimentos responsablemente para detectar cualquier alergia, he hecho visitas al pediatra de manera periódica y puntual, he llenado la cartilla de vacunación respetando cada fecha, he leído libros y blogs especializados en desarrollo, he ido a terapia para no ‘heredarle’ mis carencias a mi hija, me he instruido en las corrientes educativas, he ido a plantar la cara cuando se han presentado problemas en la escuela, he leído cuentos todas las noches (a veces el mismo durante más días al hilo de los que puedo soportar), he cocinado con productos orgánicos y naturales, he dedicado tiempo a jugar, hornear pasteles, hacer experimentos, ir al parque, asistir a clases de arte y natación, he tratado de balancear lo mejor que puedo mi proyecto profesional con la crianza…

He vivido agotada, sobreexigida por mí misma y ese ideal fantasmagórico que la mayoría de las veces lejos de reconfortarme me persigue… Y a pesar de todo, he vivido con la sensación de que he fallado, de que nada ha sido suficiente.

 

Cada pequeña dificultad a la que nos enfrentamos ahora que mi hija ha crecido y que esos años ‘fundamentales’ para el desarrollo de su personalidad han pasado, pareciera prueba irrefutable de que me he equivocado, de que he exagerado en la protección y el apego… O de que no ha sido suficiente. Ahora que mi hija está en la etapa de las pesadillas y los miedos, inevitablemente me proyecto en ella y me doy cuenta de mi grandísimo error: la he criado con miedo.

 

Miedo de cargarla demasiado, de no cargarla lo suficiente, miedo de elegir el colecho y de no elegirlo, de darle dulces y de no dárselos, de ponerle demasiada atención y de no ponerle la suficiente, de perderme en esa fusión temporal que significa ser madre y de no poder encontrarme de nuevo. Miedo de la escuela tradicional, miedo de las escuelas activas, miedo de decidir por hacerme la vida más fácil, miedo de complicarme la vida por elegir algo que no se acomoda a mi rutina, miedo de darle exageradamente (cosas, atención, tiempo) y de darle demasiado poco.

 

Hace unas semanas le pregunté a mi mamá, rosca y café en mano, si ella había tenía miedo cuando mis hermanas éramos chicas. “Sí, claro”, me contestó, “tenía miedo de que se enfermaran, de que les pasara algo, de no poder cubrir sus necesidades”. En ningún momento dijo “miedo a equivocarme” o “miedo a traumatizarlas de por vida” o “miedo de arruinarles la vida con mis decisiones en la crianza”, así que forcé la frase y le pregunté si no había tenido miedo de equivocarse. “Pues… No”, me contestó y le dio un largo sorbo a su café con la tranquilidad de quien no le debe nada a nadie.

 

Mi mamá… Qué grandes lecciones aprendo de ella sin que ella se inmute siquiera. Ella, caigo en cuenta, no tenía esos miedos que tengo yo. Hacía lo que podía y eso era suficiente. Si crecimos o no con carencias es harina de otro costal. Ella hacía lo que podía, lo que la dejaba tranquila y nosotras nos adaptábamos a eso. A veces pienso que la crianza respetuosa debería ser justamente así: respetuosa de lo que uno, como madre, puede dar.

 

Hasta hace poco tiempo, estaba segura de que esos miedos y dudas que a veces me invaden y persiguen venían en tándem con la maternidad, que era un combo inseparable con el que uno tenía que resignarse a vivir. Este año me he puesto como propósito torturarme menos con el “deber ser” de la crianza moderna y disfrutar más estos pocos años que nos quedan de infancia.

Criar con miedo

En las vacaciones navideñas tuve tiempo de sobra para pensar en cómo he educado a mi hija hasta ahora. Hace unos meses cumplió seis años (no cabe duda de que el tiempo pasa más rápido cuando tienes hijos). Han sido seis años maravillosos, intensos, de mucho crecimiento personal. Pero también han sido seis años en los que he vivido a punto de la parálisis, luchando constantemente contra la eterna duda, contra el miedo a equivocarme.

 

He tratado de seguir todas las reglas: me he informado sobre las edades y el peso para que mi hija viaje segura en el asiento del auto, he introducido alimentos responsablemente para detectar cualquier alergia, he hecho visitas al pediatra de manera periódica y puntual, he llenado la cartilla de vacunación respetando cada fecha, he leído libros y blogs especializados en desarrollo, he ido a terapia para no ‘heredarle’ mis carencias a mi hija, me he instruido en las corrientes educativas, he ido a plantar la cara cuando se han presentado problemas en la escuela, he leído cuentos todas las noches (a veces el mismo durante más días al hilo de los que puedo soportar), he cocinado con productos orgánicos y naturales, he dedicado tiempo a jugar, hornear pasteles, hacer experimentos, ir al parque, asistir a clases de arte y natación, he tratado de balancear lo mejor que puedo mi proyecto profesional con la crianza… He vivido agotada, sobreexigida por mí misma y ese ideal fantasmagórico que la mayoría de las veces lejos de reconfortarme me persigue… Y a pesar de todo, he vivido con la sensación de que he fallado, de que nada ha sido suficiente.

 

Cada pequeña dificultad a la que nos enfrentamos ahora que mi hija ha crecido y que esos años ‘fundamentales’ para el desarrollo de su personalidad han pasado, pareciera prueba irrefutable de que me he equivocado, de que he exagerado en la protección y el apego… O de que no ha sido suficiente. Ahora que mi hija está en la etapa de las pesadillas y los miedos, inevitablemente me proyecto en ella y me doy cuenta de mi grandísimo error: la he criado con miedo.

 

Miedo de cargarla demasiado, de no cargarla lo suficiente, miedo de elegir el colecho y de no elegirlo, de darle dulces y de no dárselos, de ponerle demasiada atención y de no ponerle la suficiente, de perderme en esa fusión temporal que significa ser madre y de no poder encontrarme de nuevo. Miedo de la escuela tradicional, miedo de las escuelas activas, miedo de decidir por hacerme la vida más fácil, miedo de complicarme la vida por elegir algo que no se acomoda a mi rutina, miedo de darle exageradamente (cosas, atención, tiempo) y de darle demasiado poco.

 

Hace unas semanas le pregunté a mi mamá, rosca y café en mano, si ella había tenía miedo cuando mis hermanas éramos chicas. “Sí, claro”, me contestó, “tenía miedo de que se enfermaran, de que les pasara algo, de no poder cubrir sus necesidades”. En ningún momento dijo “miedo a equivocarme” o “miedo a traumatizarlas de por vida” o “miedo de arruinarles la vida con mis decisiones en la crianza”, así que forcé la frase y le pregunté si no había tenido miedo de equivocarse. “Pues… No”, me contestó y le dio un largo sorbo a su café con la tranquilidad de quien no le debe nada a nadie.

 

Mi mamá… Qué grandes lecciones aprendo de ella sin que ella se inmute siquiera. Ella, caigo en cuenta, no tenía esos miedos que tengo yo. Hacía lo que podía y eso era suficiente. Si crecimos o no con carencias es harina de otro costal. Ella hacía lo que podía, lo que la dejaba tranquila y nosotras nos adaptábamos a eso. A veces pienso que la crianza respetuosa debería ser justamente así: respetuosa de lo que uno, como madre, puede dar.

 

Hasta hace poco tiempo, estaba segura de que esos miedos y dudas que a veces me invaden y persiguen venían en tándem con la maternidad, que era un combo inseparable con el que uno tenía que resignarse a vivir. Este año me he puesto como propósito torturarme menos con el “deber ser” de la crianza moderna y disfrutar más estos pocos años que nos quedan de infancia.

Cómo dar con la mejor escuela para tu familia

¿Tus hijos entran el próximo ciclo a la escuela o quieres cambiarlos de colegio? Sabemos que elegir la que más se adapte a tus necesidades puede ser todo un reto y hasta una fuente de angustia. Sobre todo en esta época en la que tenemos tanta información disponible. Aquí te dejamos lo que, en nuestra experiencia, ayuda a acotar las opciones y tomar una decisión más acertada.

1. Realiza tu búsqueda teniendo esto muy claro: NO EXISTE LA ESCUELA PERFECTA, pero sí es posible encontrar una que cubra las necesidades más importantes de tu hijo y tu familia.

2. Haz una lista de tus prioridades y define cuáles son los tres o cinco puntos más importantes para ti (distancia, presupuesto, método educativo, cubrir necesidades especiales de lenguaje, desarrollo o sociales, actividades extraescolares, etc). Así sabrás qué cosas son fundamentales y cuáles puedes sacrificar.

3. Si tienes oportunidad, mide el tiempo que haces de tu casa al colegio a la hora de la entrada o la salida. Quizás después de seis meses el tráfico empiece a mermar tu amor por la escuela. Pregúntate y define cuánto tiempo te parece sostenible que tú y tus hijos pasen en traslados. Considera también que, si la escuela está lejos, la vida social vespertina de tu hijo también puede implicar traslados largos constantes. ¿Estás dispuesta a ir a cumpleaños, playdates o reuniones fuera de tu zona, por ejemplo?

4. ¿Cómo es la comunidad de padres? Aunque no lo creas, el hecho de que tú y tu pareja se sientan cómodos entre la comunidad de papás es muy importante. Esto ayudará a que tu hijo se integre, pues ustedes estarán más dispuestos a participar en las distintas actividades que realicen. Puedes darte una buena idea de cómo es la comunidad preguntando si los papás suelen ser oficinistas, si hay familias extranjeras, cuán incluyentes son, etc., y dándote una vuelta a la hora de la entrada o la salida. ¿Quién suele entregar o recoger a los niños?

5. Infórmate sobre el método educativo (Montessori, Constructivista, Waldorf, Reggio Emilia) que ofrece la escuela que irás a visitar. De esta manera podrás darte cuenta si el método se imparte realmente o si la escuela solo ha tomado algunos elementos de la corriente que dice seguir.

6. Asegúrate de tener toda la información sobre los costos: inscripción, cuota de materiales, colegiatura (pregunta cuántas colegiaturas se pagan al año, ya que hay colegios que cobran solo 10 colegiaturas, mientras que otros cobran 12), membresía o cuota familiar de primer ingreso, si hay algún descuento para hermanos, seguro médico o de orfandad, costo de horario extendido y si incluye o no los alimentos de los niños.

7. ¿Cuáles son las medidas disciplinarias? Todas las familias son diferentes: lo que a ti puede escandalizarte en cuanto a medidas disciplinarias, a otros papás puede parecerles poca cosa. Platica con la dirección escolar las medidas que tomas en casa y pídeles que sean honestos en cuanto a las que se aplican en la escuela. Puedes tomar en cuenta cómo se trata a los niños más inquietos y a los más aplicados, si dependiendo de su rendimiento se decide el lugar en el que se sientan o cuánto apoyan a las maestras, por ejemplo.

8. ¿Cómo se maneja el tiempo libre? También puedes indagar qué hacen los niños cuando no pueden salir al recreo, ya sea por el clima, la contaminación u otros factores. Muchos papás son tomados por sorpresa cuando sus hijos les platican que, como no pudieron salir, vieron una película. Cada escuela tiene distintas soluciones para este tipo de eventualidades.

Pide un poco de ayuda. Si te sientes perdida, no te apaniques. Hay especialistas como el Doctor Antonio Rizzoli o la Psic. Aitana Farré, que pueden ayudarte a decidir qué es mejor para tu hijo. También existen comunidades como Schooling Mx, dedicadas a reunir información sobre escuelas; directamente de padres de familia que tienen o han tenido a sus hijos en las escuelas en cuestión.

Otros aspectos para ampliar tu perspectiva de la escuela:

-Aunque no las contrates, las actividades en horario extendido pueden darte una muy buena idea de las prioridades del colegio. Hay algunos que ofrecen clases enfocadas al desarrollo emocional de los niños (yoga, meditación, huerto, taller de emociones, arte), mientras que otros ofrecen actividades más enfocadas a desarrollar la competitividad (deportes, idiomas, jazz, danza, etc.). También, qué espacios especiales hay (laboratorio, biblioteca, salón de gimnasia, música, etc.).

–Considera qué tan importante es para ti que la escuela realice actividades que incluyan a los padres de familia y pregunta por este punto.

-¿Dejan tarea? ¿Cuánta? No está de más saber cuánto tiempo en promedio dedicarán por las tardes a este tema.

-¿Llevan boletas de calificaciones? ¿Cuál es su sistema de evaluación? Esto te dará una idea más clara de las áreas que se evalúan en la escuela y cómo es el sistema de calificaciones.

-Cuando visites la escuela, observa a los niños y cómo las maestras o guías interactúan con ellos. Son un buen indicador de cómo se dan las cosas en el día a día.

-No temas preguntar cuáles son los protocolos de seguridad en caso de una emergencia, como un sismo.

-De ser posible, pide que la directora académica sea quien te acompañe a conocer las instalaciones. Muchas veces los encargados de Relaciones Públicas son quienes se encargan de esta parte, pero no siempre pueden responder a las preguntas que surgen sobre el método educativo que se imparte o detalles más específicos.

-Si te interesa la atención personalizada, pregunta cuántos niños hay por salón y cuántos salones hay por generación; si cuentan con un asistente o solo la maestra encargada.

-Infórmate sobre quién atiende a los niños en caso de que se sientan mal. Quizás para ti es importante que sea un pediatra quien esté al tanto de los niños, en lugar de una enfermera. Si tu hijo tiene algún tipo de alergias, cómo manejan este tema.

-Preguntar por los materiales que usan te puede dar un mejor panorama de cómo se imparten las clases.

-Si no cuentan con todos los niveles educativos, quizá tienen convenio con otros colegios y pueden decirte cuáles son.

-Si después de la visita sientes que algo no te cuadra, pide referencias a conocidos o de primera mano. Siempre hay algún conocido que tiene a sus hijos ahí o que conoce a alguien con hijos en la escuela que te interesa. También puedes saber mucho de una escuela por lo que aparece en Google o en redes sociales sobre la misma. En ocasiones, puedes encontrar reseñas de padres de familia de la escuela y darte una idea de si comparten tu modelo educativo o no.

Estos son algunos puntos que pueden servirte de guía para el día de tu visita a la escuela que te interesa. Hay algunos espacios en blanco para tus propias dudas. Anótalas e impríme esta hoja para que no se te olvide nada a la hora de la hora.

50 tips para hacerte la vida más fácil

Malabarear la carga mental, doméstica, emocional, laboral y de cuidados maternos basta y sobra para perder la cordura en cualquier momento… Pero sí es posible simplificar un poco los días, y hacerlo no necesariamente implica poner nuestro mundo (más) patas ‘pa arriba. Hay varias acciones ‘hormiga’ para quitar de encima todo un peso, o muchos.

Primero lo primero: echa a la basura las expectativas (las más que puedas). Después, implementa por fases, una o varias de estas acciones probadas y compartidas por #MomzillasDeLaVidaReal:

En casa: delega, delega, delega

  • Domicilia todos los pagos posibles. Dejarás de perder recibos, olvidar fechas de corte y sí, hasta ahorrarás dinero.
  • Pide el súper por internet. Comprarás lo que de verdad necesitas y además de ahorrar dinero, también ahorrarás tu tiempo, que vale mucho. Puedes hacer pedidos, por ejemplo, con Al Wuak Al o La Central Delivery.
  • Establece horarios para revisar y atender tus redes sociales.
  • Haz listas: de compras, de tareas para cada miembro de tu familia y por día… De todo lo que haya que organizar (de paso, te darás cuenta de la cantidad de cosas que tienes encima, varias de las cuales seguramente puedes delegar).
  • Planea tu menú de comida y/o lunch semanalmente.
  • Cocina lo más posible en un solo día o cocina solo un par de cosas para varios días (nadie se muere por comer dos días lo mismo).
  • Prepara recetas más sencillas y prácticas. Deja los platillos elaboradísimos y novedosos (que luego nadie se come) para días especiales.
  • Guarda en el congelador una ‘comida fácil’ para salir del apuro UNO de ESOS días.
  • Incrementa el apoyo doméstico y/o reasigna labores por persona y por día.
  • Invierte en algún electrodoméstico o aparato electrónico que te facilite las tareas y te ahorre tiempo.
  • Recurre a un pizarrón, una app o a las alarmas del teléfono para anotar y llevar el control de tus pendientes, en vez de saturar tu preciado cerebro.
  • Contrata servicios de planchado de ropa o de lavandería, limpieza de muebles ( con MaxiClean, BioLimp, We Clean o Rainbow Fairies) u organización de espacios (con In Place). Es cierto, NADIE hace las cosas como tú, pero tú no puedes hacerlo TODO.
  • Ahorra las monedas de $10 pesos o los billetes de $20 que te quedan en cambio cada día. En menos de lo que esperas, tendrás un buen cochinito para darte un regalo. Sí, un regalo para ti.

Hijos: elige tus batallas

  • Cambia la corredera de una clase a otra por tardes en casa, sin actividades fijas. Lo que salga. Como salga.
  • Agenda menos compromisos sociales en fin de semana (dicen por ahí que cuando te aburres un poco, hasta sientes que sábado y domingo duran más).
  • Repite: si no se bañan diario, no pasa nada (de veras, no pasa nada).
  • Repite: la tele no es mi enemiga (de veras no lo es).
  • Organiza rondas/turnos con otras mamás para recoger a los niños de la escuela o para que coman y jueguen en una casa una vez por semana o cada 15 días.
  • Contrata una nana una vez por semana o cada 15 días, según tus posibilidades.
  • Si estás a punto de perder la paciencia, prueba poner la mano de tu hijo sobre la tuya: ver que es más pequeña que la tuya puede ayudarte a respirar un poco y recordar que lo que busca es tu guía. Incluso si lo está haciendo a gritos.
  • Dibujen sus rutinas de horarios en un pizarrón o en unas cartulinas para verlas cada día y seguirlas. El elemento visual es muy útil para que ellos la recuerden y sigan.
  • Deja el papel de repetidora de instrucciones: llévalos a hacer la actividad que tienen que hacer de la mano. Por ejemplo: si es hora de recoger los juguetes, tómale la mano y llévalo a la zona de desastre.
  • Asígnale tareas caseras a cada niño de acuerdo a su edad (guardar su ropa, tirar la basura, lavar trastes…) Sobran.
  • Dale un giro de juego a esas tareas: a ver quién tiende más rápido su cama o recoge 10 juguetes en un par de minutos, por ejemplo.
  • Pregúntate: ¿puedo ser más barco en esta situación o realmente es trascendental? Si no lo es, sé más barco.
  • Limita las opciones que le das a tus hijos: ¿Recoges tus juguetes solo o te ayudo? ¿cenas o te bañas primero?
  • Recuerda: no siempre tienes que entretenerlos de cabo a rabo. Deja que se aburran y ya se les ocurrirá algo a qué jugar.
  • Diles en voz alta que tú también eres humana y te cansas. Si siempre vas más allá de tus propios límites, ellos de verdad asumen que eres La mujer maravilla.
  • Reduce los traslados largos o las vueltas que te sean posibles (¿una escuela más cercana?, ¿menos clases al otro lado de la zona en la que vives?)

En cuestiones de trabajo: logra más con menos

  • Prueba el método Pomodoro para enfocarte y mejorar tu rendimiento, sea que trabajes en casa o en oficina.
  • Organiza la mayor cantidad de reuniones virtuales posibles. En vez de gastar tiempo en desplazarte, tendrás más tiempo efectivo de trabajo.
  • Define cierto número de cambios de ropa para usar durante tus días laborales; que combinen, te gusten y te queden bien… Y olvídate del agobiante ‘no sé qué ponerme’.
  • Haz una planeación semestral o anual para tu emprendimiento: a partir de ella puedes ejecutar y modificar conforme sea necesario, pero ¡ya tendrás puesto el andamio!
  • Haz listas de las diferentes tareas o pendientes a realizar por día. Hasta arriba pon las más complicadas.
  • Usa los trayectos en transporte público para responder mensajes o correos. O simplemente para observar y conectar con lo que te rodea.
  • Camina unos 15 minutos después de comer y antes de volver a la oficina. Será un boost para tu cuerpo y tu mente.
  • Organiza juntas a pie. En serio: 2 o 3 personas caminando pueden resolver temas de trabajo y activar su creatividad.

Bienestar personal: si tú eres tu prioridad, todo mejora

  • Toma la decisión de estar en lo que sea que estés.
  • Levántate media hora o hasta una hora más temprano para meditar, hacer yoga, caminar, correr… Para hacer algo SOLO para ti
  • Duérmete todos los días más o menos a la misma hora (así te va a ser más fácil el punto anterior).
  • Aprende algo nuevo: a bordar, a pintar, a cantar, a bailar, a coser un parche… Lo que sea.
  • Destina periodos para ‘respirar’, aunque sean 5-10 minutos escondida en un clóset. Todos los días.
  • Ve a algún tipo de terapia (el que más te lata).
  • Deja a tu pareja o alguien de tu confianza a cargo de todo por un rato cada semana. Que se haga bolas con tus hijos, como le sea posible. Van a estar bien y tú más.
  • Di que NO más seguido. Los días duran solo 24 horas y es necesario que descanses al menos 8.
  • Convive y comparte con tu tribu materna.
  • Cada que sientas que no puedes más, recuerda: las expectativas están mejor en la basura. Y pide ayuda.

Por último: imprime la lista que te compartimos aquí abajo. La puedes pegar en algún lugar visible y anota en ella las acciones ‘hormiga’ que sientas que más te urge implementar para quitarte carga de encima.

5 Tips para vender más y mejor en 2019

Comienza el 2019 y, con ello, las ganas de siempre de ahora sí ponernos orden, empezar la dieta y cambiar los hábitos que no nos convienen.

Ni se diga si tienes un negocio o proyecto: quieres vender más, captar más clientes, aterrizar ideas y proyectos, terminar con lo que no pudiste finalizar el año pasado y sí… ganar más y trabajar menos porque #mamá.

Si lo vemos así, ya tienes suficiente agobio para los 365 días restantes y en serio (y por experiencia) no creo que ni este año ni los que te restan te alcancen para poner orden y hacer todo eso que quieres si sigues en la misma corredera de pollo sin cabeza.

Por eso, al menos en el tema de tu negocio, quiero compartirte algunas herramientas / tips / consejos de la abuela (llámale como quieras) que a mí me han servido como empresaria y como mamá, y que me han llevado no sólo a vender más, sino a disfrutar más a mi familia, a agobiarme menos y a priorizar.

TIP #1: Haz un calendario de fechas especiales.

No, no se trata de incluir toooodos los cumpleaños (hasta el de la tía Chona) en tu calendario, sino más bien de revisar cuáles son las fechas especiales del año y marcarlas para poder crear, anticipadamente (un mes como mínimo), una súper campaña que te ayude a vender más. Piensa que desde que empezamos el año, ya tenemos fechas que te pueden ayudar: ahí tienes 14 de febrero (Día del Amor y la Amistad); 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer); 30 de abril (Día del Niño); 10 de mayo (Día de las Madres) ¡y la pachanga sigue! Revisa estas fechas, checa cuáles hacen “match” con tu marca y entonces lanza campañas, promociones, concursos de interacción, etc. Ya verás que, si te anticipas y lo marcas en tu calendario, podrás planear y la cosa se vuelve más sencilla cuando de vender se trata.

TIP #2: ¡Automatiza!

Ya que vas a hacer tu calendario y vas a planear ¡por favor no lo hagas en hojas que traes en tu bolsa y que luego no sabes ni dónde quedaron! (al rato ves que la bendición la trae embarrada de chocolate y tú quieres morir lentamente). Aprovecha la tecnología y automatiza todo lo que puedas. Una súper herramienta que yo utilizo es Asana, la cual es una plataforma web (y también app) que te permite gestionar tus proyectos, ideas y equipo de trabajo en un solo lugar; con fechas de entrega, mensajes para los miembros, etc. ¡Es una chulada! Y su versión gratuita tiene muchísimas posibilidades. Si eres parte del directorio Momzilla, podrás encontrar un tutotial completito que grabé para ti donde te explico “santo y seña” sobre Asana y te voy guiando para que saques tu cuenta y comiences a gestionar ahí tu negocio. Encuentra este tutorial en nuestro grupo “Momzpower”, en la sección de videos.

TIP #3: Crea un plan de contenidos básico

Cuando te digo que crees contenido de tu marca o negocio, no espero que hagas el canal de Youtube, pero el podcast, pero el blog, pero las stories de Instagram, pero la fan page, pero las transmisiones en vivo, pero…

¡No! Eso es agobio extra y lo que queremos es que tu vida como mamá y emprendedora sea fácil. Y, aunque no lo creas, la creación de contenido alrededor de tu marca es una gran forma de estar en constante contacto con tus posibles clientes, de que más personas te conozcan y, sobre todo, de crear comunidad y autoridad en tu tema (y claro, eventualmente, de vender mucho más). Crear contenido no es una cosa súper sencilla (tampoco te voy a mentir), pero una vez que “agarras la onda” y el ritmo, te va a ayudar muchísimo a ser más organizada y a saber lo que tienes que hacer para que tu negocio siga creciendo, sin andar inventando el “hilo negro” cada vez. ¿Consejo? Revisa qué tipo de contenido “ha pegado” más en tu fan page o redes sociales; cuestiónate: ¿qué tipo de información tengo yo que le puede ser útil a mis clientes potenciales y que les puedo dar de forma gratuita continuamente? Pueden ser tips, PDF´s descargables, infografías, videos donde les enseñas a hacer algo, etc. ¡El cielo es el límite! Una vez que descubras qué quieres otorgarles, hay miles de formas de entregar tu contenido. Eso sí, procura que sea contenido periódico (semanal, quincenal, mensual), así las personas sabrán qué esperar y cuándo. ¡No se vale que des algo y luego desaparezcas tres meses! Eso, en realidad, hace más daño que bien a una marca. Recuerda que el orden y la constancia, hacen milagros en la vida y en las ventas.

TIP #4: Benchmarking, SÍ O SÍ

Sí, yo sé que cada una de nosotras piensa que su marca, producto o servicio es único. ¡Y lo es! Sólo que también es verdad que hay otras empresas y marcas que ya han transitado por donde estamos ahora nosotras y que, muy posiblemente, se encuentren en el nivel a donde nosotras desearíamos llegar. ¡Es momento de saber quiénes son estas marcas, qué hacen y cómo puedes tú tomar su ejemplo para aterrizarlo en tu negocio! No se trata de copiar (eso sí es bien importante aclararlo), se trata de seguirle los pasos a las marcas líderes en tu ramo; revisar cómo han crecido, a qué obstáculos se han enfrentado, cómo es su estrategia en redes sociales, qué hacen para atraer clientes constantemente, etc, etc. Si sólo piensas en tu negocio como un pequeño universo, te estás perdiendo de lo mucho que puedes aprender de otros, de las muchas buenas ideas que pueden surgirte al momento de abrir tu panorama e, incluso, de las posibles alianzas que puedes hacer con quienes ya juegan en las grandes ligas. Vender más también significa asomar la nariz, ver qué pasa en el mundo y contextualizarlo a tu negocio, por muy pequeño que éste sea.

TIP #5: Ama lo que haces

Sí, ya sé que suena bien romántico y un poco a lugar común, pero en serio no sabes cuántas mujeres conozco que, si bien dicen que “aman” su proyecto, que renunciaron a su trabajo formal por dedicarse a éste por completo, en realidad andan más malhumoradas, agobiadas y estresadas que en sus mejores épocas como empleadas. ¡Se trata de disfrutar! Yo sé (y mira que lo sé) que muchas veces el peso de llevar un negocio tú sola es demasiado, sin embargo, si esto ya se vuelve una situación cotidiana, si siempre andas corriendo, entonces tal vez es momento de que te cuestiones si realmente quieres seguir haciendo esto o mejor le das otro rumbo al barco. Resulta que a veces, al ser nuestras propias jefas, nos volvemos unas verdaderas tiranas con nosotras mismas: intransigentes, perfeccionistas mal plan, tomando mil compromisos y echando en el basurero, de paso, nuestra salud, nuestras ganas, nuestro “por qué” decidimos hacer esto. ¿No se supone que decidiste hacer lo que haces para pasar más tiempo con tu familia? ¿Para tratarte mejor? ¿Para “ser feliz”? Ahora la pregunta del millón: ¿Lo eres y lo haces? Porque si no, querida, hay muchas formas de retomar el rumbo. Si no amas ahora lo que haces, busca -ya corriendo- algo que sí ames, porque la falta de amor, se nota (y de paso, va junto con pegado con el incremento de tus ventas).

Ahora sí…¡a vender más que señora de los elotes! Es momento de ponerle orden a tu mente, a tu espacio, a tu agenda. Sólo así, los sueños de año nuevo y de vida, en realidad se cumplen.

¿Cómo cumplir tus propósitos de año nuevo y no frustrarte en el intento?

Espero que hayas disfrutado las vacaciones y las fiestas, te deseo muchas bendiciones para este 2019 y por supuesto, que logres todas tus metas.

Hablando de metas, ¿cuántos propósitos te pusiste para este año? Seguramente en la cena de fin de año pediste un deseo con cada uva y te atragantaste debido a lo rápido que sonaron las campanadas, ¿cierto?

Pues bien, este artículo tiene como finalidad ayudarte a que logres lo que te has propuesto, pero sin frustrarte o tirar la toalla a medio camino.

El cambio de año es una forma artificial pero útil, de dejar ir, de cerrar un ciclo e iniciar otro, de reflexionar tus logros y también tus tropiezos durante el año que se fue, de dar reset y comenzar el nuevo año con el pie derecho para lograr todas tus metas.

Yo te invito a que te pongas metas realistas y medibles, por ejemplo, si uno de tus propósitos es ser millonaria, lamento decirte que es muy probable que no lo logres. En lugar de que esa sea la meta, podrías poner aumentar tus ingresos en un 10%.

Aquí te dejo algunos tips que te ayudarán a trazarte metas y alcanzarlas.

1.- Cómprate una agenda, es una excelente herramienta para organizarte y ver tus logros al paso de los meses.

2.- Siempre pon por escrito tus metas, si sólo las dejas en tu mente es altamente probable que las olvides.

3.- Clasifica las metas en corto, mediano y largo plazo

4.- Te decía más arriba que las metas deben ser realistas y medibles. Algunos ejemplos son:

  • Leer 10 páginas diariamente de un libro – en lugar de leer 15 libros al año
  • Bajar 5 kilos en el primer trimestre del año, que equivaldría a medio kilo por semana aprox.
  • Incrementar tu cartera de clientes en un 10%
  • Hacer ejercicio, ir caminando a la escuela a recoger a tus hijos y lo mismo el regreso, que en total suman media hora
  • Ahorrar $10 cada día, al final del año tendrías $3,650
  • Relajarte 5 minutos al día – puedes hacer una relajación o meditación guiada que puedes encontrar en youtube o puedes hacer 15 respiraciones largas y profundas

5.- Divide las metas a lo largo del año, no quieras ponerte todas de un jalón en el primer mes

6.- Consigue un pizarrón con calendario y colócalo en un lugar visible para que veas fácilmente lo que tienes que hacer y lo tengas presente

7.- Pon recordatorios en el celular, por ejemplo, puedes poner 8 alarmas al día para que con cada una bebas un vaso con agua y al finalizar el día, habrás tomado 2 litros de agua

8.- Puedes usar un plumón para pizarrón en los espejos de tu casa poniéndote pequeños recordatorios

9.- Revisa al final del mes cómo has avanzado, si has sido muy ambiciosa y si debes replantear los objetivos

10.- No claudiques si no lograste un objetivo, recuerda que “el que persevera, alcanza”

Espero que estos tips te ayuden a organizarte y a generar objetivos que realmente puedas lograr, pues lo que menos quiero es que te frustres o te angusties al ver que son muchas las cosas que quieres abarcar.

Deseo de todo corazón que logres todas tus metas. Nos leemos por aquí el próximo mes.

Regalos powerful

Queremos que nuestros hijos sepan que pueden llegar a ser lo que sea que se propongan, que sean fuertes, que cuenten con las herramientas emocionales necesarias, que exploren sus distintas inteligencias y estimulen su imaginación, que rompan con los estereotipos de género y que sean parte activa de un mundo más equitativo. Por eso hicimos una selección de juguetes, libros y otros artículos que de la mano con nuestro ejemplo cotidiano, pueden servirnos de apoyo para trabajar dichos aspectos.

¡Para jugar!

¿Quién es ella?

Hecho en madera, es como un Adivina Quién que presenta a 28 mujeres valientes que cambiaron el mundo. Al jugarlo, descubres las cosas fantásticas que hicieron en su tiempo. Además de dos tableros, este juego de mesa incluye cartas biográficas con datos y anécdotas interesantes de la vida de cada una.
Este proyecto se hizo realidad gracias a una campaña de fondeo en Kickstarter y puedes pre-ordenarlo aquí.

Color chemistry Lab set

Según varios estudios, al realizar experimentos, la mente infantil fortalece su curiosidad e incrementa sus habilidades cognitivas. Ahora, imagínate la cara de los pequeños Marie Curie o Louis Pasteur al recibir un set como este, que incluye 50 experimentos; entre ellos, crear slime, una lámpara de lava, un tornado dentro de una botella, la explosión de un volcán, entre otros.

El juego de las emociones

A partir de distintas tarjetas que describen una emoción, para qué sirve y algunas sugerencias de qué hacer con ella, este juego permite que los niños conozcan y expresen de la mejor forma posible cómo se sienten. Pero también, que en familia se trabaje la inteligencia emocional, pues contiene tarjetas con distintas preguntas y situaciones para que los jugadores interactúen entre sí.

Sets de construcción

Ya sea que se usen para construir algo a partir de un modelo, algo visto o algo simplemente imaginado, son varias las razones para que cualquiera juegue con ellos: son ideales para desarrollar y estimular la motricidad fina, el razonamiento espacial, la flexibilidad congnitiva (la habilidad de cambiar rápidamente tu atención de un estímulo relevante a otro), para estimular el pensamiento creativo y la imaginación. ¿Lo mejor? La oferta de este tipo de sets para construir estructuras es cada vez más amplia: los hay con bloques de madera, plásticos, con imanes, metálicos… Todo dependerá del interés de cada kidzillo.

Disfraces

Al disfrazarse, los niños literalmente se convierten en lo que se les ocurre, sin importar su género. Además de estimular su imaginación, caracterizarse los ayuda a desarrollar su lenguaje y vocabulario (¿has escuchado todos esos diálogos inventados mientras revisa a cada uno de sus pacientes?), además de trabajar su resolución de problemas (¿cómo salvar a un muñeco en apuros o curarle esa pata adolorida con hojas de papel y diurex?). Cuando el juego con disfraces implica a otros niños, se activa además el aprendizaje de los turnos, la interacción y socialización. Suficientes razones para ir armando una caja de disfraces de cualquier tipo, ¿no?

Cocinita, set de limpieza, muñecos…

Acorde a la época que vivimos, este tipo de juguetes y artículos ya no solo existen en la típica división “rosa y azul”, así que cualquier niño puede sentirse invitado a jugar con ellos, no para perpetuar roles determinados, sino para estimular el juego imaginativo, sus habilidades de comunicación, la interpretación de lo que ve en casa todos los días (de ahí la importancia de nuestro ejemplo), para desarrollar su motricidad fina (al barrer y recoger moronas, o acomodar y desacomodar sin fin los elementos de la cocina), habilidades de organización y hasta de resolución de problemas (¿se perdió un tenedor?, seguro algo más puede reemplazarlo).

¡Para leer!

Últimamente se publican muchos títulos infantiles que buscan resaltar y fortalecer los role model femeninos, pero también los masculinos, desde un punto de vista más inclusivo. También, libros que abordan las distintas emociones humanas, para que aprendan a distinguirlas y manejarlas mejor desde pequeños. Como…

Cuentos para niños que se atreven a ser diferentes, de Ben Brooks

El futuro es femenino: Cuentos para que juntas cambiemos el mundo, varios autores

El libro de las chicas audaces, de Emma Wonder

Emocionario. Dime lo que sientes, de Cristina Núñez Pereira, Rafael R. Valcárcel y Mayendia Leire.

Las emociones, de Cecile Langonnet

Las niñas son de ciencias, de Irene Cívico y Sergio Parra

Stephen Hawking,de la colección Pequeño & Grande

Cuadernos y diarios

Diario de las emociones, de Anna Llenas

Échale un vistazo:

Soy una niña rebelde. Un diario para iniciar revoluciones, de las creadoras de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes.

I Love Science, A Journal for Self Discovery and Big Ideas, de Rachel Ignotofsky

¡Ruedas!

Además de cansarlos, ejem, activarlos, un triciclo, una bici, unos patines, un scooter o una patineta son ideales para que los niños desarrollen su habilidad motriz y construyan una autoestima positiva. ¿Ya dijimos que también contribuyen a su buen humor?

¡Para ti, Momzilla!

Si quieres leer algo que hable de cómo criar a tus hijos en esta época que claramente está cuestionando los roles establecidos, puedes leer:

Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi, una escritora que se presenta como una “feminista feliz” y proclama que “ser feminista no es cosa solo de mujeres”.

*Con información de The New York Times, Parenting Science y Early Year Resources.