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Fátima.

¿Qué vamos a hacer?

Por Heike Söns
Ilustración de Rojo Vega

Oí su vocecita hermosa, esa que solo tiene en las mañanas, cuando acaba de despertarse y su cuerpo todavía no ha logrado vencer al sueño del todo. Arrastró sus piecitos, su cobijita, todo su pequeño ser hasta mi cama. Le abrí las cobijas para recibirla y metí mi nariz en su pelito despeinado. Olía a suavizante para ropa, a hogar, a vida. Se acurrucó junto a mí. Tenía puesta esa pijama de Elsa que ya ha usado demasiado, los cachetes rosados, y la sonrisa de quien se siente en total y absoluta calma.

Le di el abrazo más largo del mundo. La llené de besos. La harté.

Pensé en la mamá de Fátima y en cómo debía sentirse su cama, sus brazos, su casa… cómo la sordidez debía estar engullendo todo aquello que la rodea. ¿Cuántas mañanas necesitará sobrevivir antes de poder reponerse aunque sea un poco? Miles de millones de mañanas seguramente no le alcanzarán.

Me pregunté lo que seguramente millones de mamás se preguntaron también: ¿Qué vamos a hacer? ¿Por dónde empezamos? ¿Dónde terminaremos? ¿Cómo defendernos, a qué aferrarnos, cómo sobreponernos? Lo cierto es que nadie tiene la respuesta… pero es posible que entre todos la encontremos. A estas alturas no veo otra salida que la unión… y mucho me temo que existe la posibilidad de que no logremos superar nuestras diferencias.

A estas alturas poco me interesan los discursos políticos: Me vale madres si lo que está sucediendo es un acto de desprestigio político, si las cifras en realidad no han aumentado, si esto ha sucedido por años. Lo único que me interesa en este momento es que nuestro miedo se transforme en fuerza, que hombres y mujeres alcemos la voz por nuestras niñas, nuestros niños, por la vida.

Aunque me consuela saber que entre tanta desolación no estoy sola… pienso en otras mamás que quizás sí lo estén y en que tenemos que trabajar para que verdaderamente logremos tejer redes solidarias que vayan más allá de nuestro micro entorno.

¿Qué vamos a hacer? Alzar la voz, no dejarnos caer, sostenernos entre nosotras, unirnos, cuidarnos las unas a las otras, firmar peticiones, marchar juntas, gritar al unísono. ¿Qué vamos a hacer? Lo que sea necesario.

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Mamá, ¿por qué tú sí?

Por qué eliminé todas las fotos de mi hija de mis redes sociales.

Por Heike Söns | @comanito_style

Martina (mi hija de 7 años) y yo somos asiduas usuarias de YouTube. Hemos encontrado en esa plataforma una fuente inagotable de entretenimiento, conocimiento y herramientas. Es nuestra navaja suiza de las recetas, los experimentos y tutoriales; es nuestro maestro, nuestra tele, nuestro karaoke.

Un día sucedió lo inevitable: Martina me confesó que hacía varias semanas le rondaba la idea de abrir su propio canal de YouTube. Solo alcancé a decir: “Ajá… oquei”. Se soltó a explicarme qué contenidos tendría, a quién estaría dirigido, por qué quería hacerlo: Experimentos para niños que estuvieran aburridos en sus casas. Desde el inocuo bicarbonato con limón, hasta los slimes más pegajosos, tenía una interminable lista de actividades. “Tú me grabas y lo subes, ¿va?”.


La miré en silencio, seguramente con esa expresión que ponemos las mamás cuando sabemos que estamos a punto de romperles el corazón a nuestros hijos, y le solté un “Mi amor… no creo que sea buena idea”. (En este punto y antes de que alguien se lo tome personal, quiero aclarar que respeto a los papás que tomas decisiones distintas a las mías.)

Como de esperarse, esta negativo desató un torbellino de preguntas, muchas de las cuales no tienen respuesta sencilla. ¿Por qué mi identidad es tan importante? ¿Por qué las empresas quieren mi información? ¿Por qué hay personas que escriben cosas crueles de los demás? Fue una conversación larga, difícil y dolorosa. Creo que no hay manera de preparase para hablar de las atrocidades del mundo con nuestros hijos.

Después de varios minutos de charla hubo un silencio breve. La vi ahí, sentadita con su vestido de sandías y sus lentes rosas, entregada por completo a una reflexión profunda. Vi en sus ojos esa mirada que pone cada vez que algo no termina de hacerle sentido. “Mamá, ¿entonces por qué subes fotos mías a tu Facebook?”.

¿Por qué mi identidad es importante?
¿Por qué las empresas quieren mi información?
¿Por qué hay personas que escriben cosas crueles de los demás?

—Martina, 7 años.


Me acordé de aquella vez en que Gwyneth Paltrow publicó una imagen de su hija Apple, quien arremetió contra la actriz en un comentario: “Mamá, ya hemos hablado de esto. No puedes postear nada sin mi consentimiento”. Pueden leer el chisme completo en esta nota de Daily Mail. Claro que yo no soy Gwyneth, ni soy la ex de Chris Martin #Mailob, ni tengo una tienda de productos mega polémicos… pero eso no quita que, igual que ella, no soy dueña de la identidad de mi hija.


Martina me preguntó si yo creía que en mi cuenta de Facebook había menos riesgos, si sus fotos ahí estaban a salvo, si ahí no existía el potencial de que su imagen terminara convertida en un meme, de ser descargadas por alguna persona a la que yo le cayera mal y manipuladas o enviadas a terceros sin nuestra autorización. Me cayó la realidad como balde de agua fría: nada, absolutamente nada de lo que publico en Facebook me pertenece. En el instante mismo en el que le doy “Publish” se convierte en contenido de dominio público.

No tuve más remedio que darle la razón.

Para la mañana siguiente, yo había borrado sus fotos de mi cuenta de Instagram y Facebook. ¿Fue difícil? Mucho. Traté de encontrar motivos que me permitieran justificar seguir compartiendo fotos de mi hija en mis redes sociales, porque para ser honesta me encanta presumir a mi hija con mis amigos y familiares, compartir sus ocurrencias y hazañas.


Después de esa tarde fatídica en la que perdí mi autoproclamado “ownership” sobre la imagen de Martina, establecimos acuerdos. Puedo enviar fotos suyas a los abuelos y los amigos, siempre con previa autorización de ella. También hacemos videos y tutoriales que luego disfrutamos juntas, sin la presión de la opinión pública, los riesgos del internet y disfrutando de las mieles de la privacidad.

Los servicios digitales avanzan a un ritmo que difícilmente nos permite pensar en las posibles consecuencias de nuestros actos. La democratización del contenido, la falta de regulaciones sobre los datos personales y el uso de los mismos son temas que debemos tomar en cuenta. Aquí les dejo un par de lecturas relacionadas con el tema, por si les interesa explorar el tema con mayor profundidad:

Forbes
Posting About Your Kids Online Could Damage Their Future
Por Jessica Baron

BBC
La privacidad de los niños en redes sociales
Por Redacción BBC